365 amigos
La Matutina Digital
Mi Testimonio de Fe y Fidelidad de Dios (Segunda parte)
Por: Patricia Franco - Ecuador
Salmo 37:25
"Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni a su descendencia que mendigue pan"
Hubo un sábado especialmente duro. No teníamos dinero ni para el desayuno ni para el almuerzo. Aun así, nos levantamos temprano, hicimos el culto y fuimos a la iglesia. El hambre apretaba, pero no dijimos nada. Al regresar, mis hermanas me miraban en silencio. Les pedí que arreglaran la mesa, aunque no había comida. Ellas me obedecieron, aunque con lágrimas y desconcierto.
Nos sentamos, tomé aire y dirigí la oración, agradeciendo por los alimentos que Dios proveería. En medio de la oración rompí en llanto. Nuestras lágrimas dieron un sabor salado al “amén” con el que terminamos.
No habían pasado ni cinco minutos cuando alguien golpeó la puerta. Era mi cuñada Carmen. Frente a nosotras traía una caja llena de alimentos: naranjas, plátanos, arroz, aceite, pollo, queso y mucho más. Sorprendidas, le preguntamos cómo supo dónde estábamos. Ella respondió:
“Venía en el bus y un pensamiento insistente me decía: ‘Ve donde tus cuñadas’” Preguntando llegué… y aquí estoy”.
Ese día confirmé que Dios nunca abandona a sus hijos. Hoy, con 61 años, sigo sirviendo a mi Señor y lo haré hasta el último día de mi vida. Me casé, y junto a mi esposo —mi compañero en la obra misionera— llevamos almas a los pies de Cristo. Mis hijos están en la iglesia. De mis hermanas, una sigue firme con su familia,
Nos sentamos, tomé aire y dirigí la oración, agradeciendo por los alimentos que Dios proveería. En medio de la oración rompí en llanto. Nuestras lágrimas dieron un sabor salado al “amén” con el que terminamos.
No habían pasado ni cinco minutos cuando alguien golpeó la puerta. Era mi cuñada Carmen. Frente a nosotras traía una caja llena de alimentos: naranjas, plátanos, arroz, aceite, pollo, queso y mucho más. Sorprendidas, le preguntamos cómo supo dónde estábamos. Ella respondió:
“Venía en el bus y un pensamiento insistente me decía: ‘Ve donde tus cuñadas’” Preguntando llegué… y aquí estoy”.
Ese día confirmé que Dios nunca abandona a sus hijos. Hoy, con 61 años, sigo sirviendo a mi Señor y lo haré hasta el último día de mi vida. Me casé, y junto a mi esposo —mi compañero en la obra misionera— llevamos almas a los pies de Cristo. Mis hijos están en la iglesia. De mis hermanas, una sigue firme con su familia,
y la otra va poco, pero confío en que pronto regresará.
A lo largo de mi vida he visto la mano de Dios una y otra vez. “Mi vida es prueba de que cuando todo falta, Dios siempre llega a tiempo.”
Comentarios (0)