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La Matutina Digital
La Historia de mi vida y un Dios Bondadoso
Por: Bryan Steeven Tello Cedeño - Ecuador
“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré.” Isaías 41:10
Dios no me dejó solo en la tormenta. Fue mi paz, mi guía y mi sostén.
Cierro mis ojos y respiro. Miro hacia atrás y en cada etapa descubro la presencia de un Dios bondadoso que nunca me soltó. Mi historia ha tenido luchas, dudas y dolor, pero también gracia, fuerza y nuevos comienzos.
A los 5 años mi padre fue sentenciado a prisión, y mi madre se volvió mi refugio. Junto a mis hermanos trabajamos desde pequeños para sostener el hogar; la niñez fue difícil y llena de carencias. A los 15 años perdí a mi madre y quedé sin nadie que velara por mí. Un primo me abrió las puertas de su casa y, al mudarme a Guayaquil, encontré una familia cristiana que me enseñó a caminar con Dios. Comprendí que aun en mis momentos más oscuros Él ya había trazado mi camino.
Su Palabra me recordó que Él es mi fortaleza (Fil 4:13), que tiene planes de bien para mí (Jer 29:11), que en Cristo soy nueva criatura (2 Cor 5:17) y que no debo temer porque Él está conmigo (Is 41:10).
Hoy sé que mi vida no es solo una historia, sino un testimonio del amor de un Dios que transformó mi dolor en crecimiento.
A los 5 años mi padre fue sentenciado a prisión, y mi madre se volvió mi refugio. Junto a mis hermanos trabajamos desde pequeños para sostener el hogar; la niñez fue difícil y llena de carencias. A los 15 años perdí a mi madre y quedé sin nadie que velara por mí. Un primo me abrió las puertas de su casa y, al mudarme a Guayaquil, encontré una familia cristiana que me enseñó a caminar con Dios. Comprendí que aun en mis momentos más oscuros Él ya había trazado mi camino.
Su Palabra me recordó que Él es mi fortaleza (Fil 4:13), que tiene planes de bien para mí (Jer 29:11), que en Cristo soy nueva criatura (2 Cor 5:17) y que no debo temer porque Él está conmigo (Is 41:10).
Hoy sé que mi vida no es solo una historia, sino un testimonio del amor de un Dios que transformó mi dolor en crecimiento.
“Señor, gracias por caminar conmigo en cada capítulo de mi historia.
Gracias por tu bondad constante, por tu paciencia infinita y por tus planes que superan mi entendimiento.
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